Puedes saber racionalmente que vales mucho y, aun así, encontrarte aceptando situaciones que te duelen.
Puedes decirte "yo merezco más" y continuar en una relación que te desgasta. Puedes reconocer que estás agotada y seguir diciendo que sí. Puedes saber que un comportamiento no te gusta y justificarlo una y otra vez.
Esto no significa necesariamente que no tengas autoestima. Significa que la autoestima también se construye en la práctica.
La autoestima no vive solo en lo que piensas
La autoestima tiene una dimensión interna —cómo te percibes y valoras— y otra que se expresa en tus decisiones.
- ¿Cómo te hablas cuando te equivocas?
- ¿Qué haces cuando alguien cruza un límite?
- ¿Puedes decir que no sin sentir que tienes que justificarte?
- ¿Puedes alejarte de algo que sabes que te hace daño?
- ¿Puedes reconocer una necesidad sin sentir que estás siendo egoísta?
Son preguntas incómodas, pero muy reveladoras.
Cuando confundimos amor con renuncia
Hay personas que han aprendido que amar significa aguantar, comprenderlo todo, adaptarse siempre o demostrar que pueden con cualquier cosa.
Pero comprender a alguien no obliga a permanecer en una situación que te daña. Poner un límite no convierte a una persona en mala. Elegirte no significa dejar de querer.
Un límite sano no es un castigo. Es una forma de delimitar qué puedes aceptar y qué no quieres seguir normalizando.
Una pregunta para empezar a elegirte
Piensa en una situación concreta en la que sientes que estás permitiendo demasiado.
Si una persona a la que quiero estuviera viviendo exactamente esto, ¿qué le diría?
Después intenta decirte a ti misma algo parecido. No para tomar una decisión impulsiva, sino para observar si estás aplicando contigo un criterio mucho más duro que el que aplicarías con alguien que amas.
Elegirte también se aprende
La autoestima se fortalece cuando empiezas a actuar de acuerdo con aquello que sabes que necesitas.
No tienes que convertirte en una versión perfecta de ti. Se trata de construir pequeñas decisiones coherentes: pedir lo que necesitas, decir no, retirarte de una conversación que cruza tus límites, dejar de justificar lo injustificable o pedir ayuda cuando la necesitas.
Muchas veces no basta con saber cuánto vales: necesitas empezar a vivir como alguien cuyo bienestar también importa.